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  • Salvador Elio Galvaz

Sexo, adolescencia y literatura

Sé que estoy por meterme en camisa de once varas con este post. Pero, sinceramente, si no estamos para conversar de temas complicados, y aprender de nuestros diferentes puntos de vista, ¿para qué estamos?


En el último mes he leído seis novelas que comentan de alguna u otra manera sobre la sexualidad en los adolescentes: La amiga estupenda y Un mal nombre de Elena Ferrante, All Boys Aren’t Blue de George M. Johnson, Malaherba de Manuel Jabois, Real Life de Brandon Taylor y Fun Home de Alison Bechdel. A esta lista asumo debería agregar mi libro, ya que tuve que leerlo una vez más para aprobar su última prueba. En algunos, el asunto es el tema principal sobre el que revuelve la historia, aquel espacio de transición en el que aún conviven la inocencia y los primeros descubrimientos sexuales (i.e. Malaherba), en otros el tema se trata desde la perspectiva del abuso, como un episodio en la realidad de los personajes (i.e. All Boys Aren’t Blue, las dos que mencioné de Elena Ferrante y Real Life), y finalmente, también en ocasiones se trata como episodios de descubrimiento y confusión que aportan a la historia y a la caracterización de los personajes (i.e. también los de Elena Ferrante y Fun Home). En el caso de Pasado el tiempo de admiración, pensaría que los episodios en cuestión existen tanto en el plano de la exploración del personaje principal, como el plano del abuso, pero no los propondría como el eje principal de la historia (aunque ese tipo de caracterizaciones quedarán más para sus nuevos lectores).


Entiendo incluso que en el caso de la novela de Alison Bechdel, hubo varios intentos de prohibir su inclusión en librerías y en currículums de ciertas universidades. Asimismo, he encontrado varias críticas a Malaherba de Jabois, precisamente por describir escenas de descubrimiento sexual entre adolescentes, y hasta preadolescentes. «A los niños no se los puede proteger del placer y el sexo. –––sostuvo Jabois en una entrevista que le hizo EFE el año pasado. –––Los niños tienen que ver un beso de una pareja homosexual como algo normal. Quiero lanzar un mensaje de naturalidad y normalidad. No hay que hacer creer a los niños que algo no existe porque no tienen edad para entenderlo».


Lo cierto es que la sexualidad humana existe en la adolescencia, y pretender que ello no es así, no cambia las cosas. Pretender que aquellas emociones, intensas y confusas, que sentimos todos en su momento, no son tales en quienes aún no cumplen su mayoría de edad, es lo que precisamente da lugar a los sentimientos de vergüenza, rechazo, confusión y culpa. Como lo escribo en Pasado el tiempo de admiración: «...aunque sienta vergüenza al recordarlo, entiendo que escribo estas experiencias sin aparentar tenerla, porque con el tiempo aprendí que nuestros más oscuros secretos no suelen ser peores que aquellos secretos que guardan tanto los acusadores como lo que aprendieron a callar sus juicios por disimular sus culpas».


No tengo idea de cómo hay que hablarle a un niño sobre esto, no soy padre. No tengo idea de si algo es mejor que algo más. Pero creo entender, desde una perspectiva humana, que esto es una realidad y que como tal el arte, y en este sentido la literatura, tiene un papel en permitirnos observar esta realidad, no como una lección ideológica, sino como un punto de partida consensuado para encontrar las formas adecuadas de abordar la situación. Todas las novelas que he mencionado nos hablan de épocas más confusas, porque eran más conservadoras y porque había menos acceso a la información. ¿Y qué hay de hoy? ¿No son acaso mayores los riesgos de no tener conversaciones abiertas sobre el tema cuando nuestras niñas, niños y adolescentes están aún más expuestos a la hipersexualización, a la idolatría a la imagen, a la necesidad compulsiva de obtener cada vez más (y no siempre mejor) atención en las redes sociales? Insisto, no sé cuál es la respuesta, pero tapar el sol con un dedo creo que no la es. Y en este contexto creo que es válido el utilizar también la literatura para evidenciar una realidad y sobre esa base discutir los pasos a seguir.

Pero el tema se vuelve un poco más complicado cuando incluimos el género y la orientación sexual en la discusión, porque no nos engañemos, los moralismos que se han generado tienen que ver con evidenciar la sexualidad en niñas adolescentes (porque ya mucho les cuesta a muchos hasta aceptar que las mujeres son seres sexuales), y entre parejas del mismo sexo. Y por favor, no me hagan escribir la lista de los cientos de libros y películas que hablan sobre la sexualidad en los hombres adolescentes heterosexuales, las más de ellas contadas con hazañosos y victoriosos emprendimientos sexuales con mujeres en su mayoría de edad. Porque hablar de que un adolescente hombre tenga sexo, que el padre le pague las putas, que la madre lo aliente porque, «así son los varones, es su naturaleza», nunca le dio mucho pudor a nadie. Así que existe un doble estándar, y lo que parece jodernos de Jabois o de Elena Ferrante no es que nos lo cuenten, es que normalicen lo que nos hace sentir incómodos. Que normalicen a la mujer y su sexualidad como algo natural que surge desde su infancia y crece (muchas veces con las confusiones producto de las obstrucciones sociales) durante su vida entera. Y lo mismo con las orientaciones homosexuales. Porque al normalizarlo le quitamos el estigma, y al quitarle el estigma, se les quita poder a quienes lo utilizan para oprimir.

Este mes, Netflix ha enfrentado batallas legales por la película Cuties. Sus detractores sostienen que al presentar la realidad a la que están expuestas las niñas adolescentes tanto en la sociedad como en las redes sociales, de una manera gráfica, está a la vez promoviendo la pedofilia. No lo sé, ya me dirán ustedes qué es qué. Lo cierto es que yo no creo que evidenciar un problema es promover un problema. Al contrario, creo que pretender que un problema no existe es la causa de que éste no se resuelva.

Insisto, no sé cuál es la solución, pero lo que quisiera es que encontremos un espacio en el que se puedan discutir y conversar sobre estas cosas, no desde una postura ideológica, moral o religiosa, sino con miras a una finalidad común. Porque estoy seguro que los más de nosotros lo que queremos es el saludable desarrollo sexual de nuestros niños y niñas. Conversémoslo.

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